Con el Partimonio a Cuestas

Cuando hace unos años empecé a trabajar en este proyecto, surgieron una infinidad de preguntas que no hallaron respuesta inmediata. Me producía un temor enorme enfrentarme a un trabajo más de recopilación histórica, del que en un primer momento me ocupé en solitario pero que con el tiempo fueron apareciendo compañeros de viaje. Trabajos como la Arquitectura Doméstica Canaria de Fernando G. Martín, otros que rozaban el tema; análisis desde perspectivas diferentes; artículos de periódico, etc., me hicieron reflexionar sobre si debería acometer un estudio de la ARQUITECTURA RURAL, como fue mi primer objetivo, o profundizar en contenidos hasta la fecha inéditos.

Todo ello me produjo una gran preocupación, que hizo posible el que abandonara durante un buen puñado de años un trabajo sistemático, aunque siguiera recopilando datos, observando edificios, restaurando otros, acompañando a profesionales que requerían de mi opinión, etc.

Durante más de dos décadas he estado introducido en el mundo de la construcción, de la restauración y de la rehabilitación, pellizcando archivos, y asistiendo a congresos de arquitectura. En unos y en otros lugares siempre surgía en mi la necesidad de dar otro enfoque al trabajo que a mitad de los años setenta me había propuesto. No me apetecía confeccionar inventarios de edificios, hacer listados que no dejan de ser más que eso. Mi pregunta era si desde un trabajo de investigación se podría llegar algo más lejos. Aportar a la sociedad, algún tipo de soluciones para los problemas que aquejan al Patrimonio histórico. En definitiva me preguntaba si podría ser más útil, desde otra vertiente que la puramente histórica. Además ya habían varios trabajos y se iniciaban otros que iban a completar el panorama histórico artístico de las islas, o por lo menos a ofrecer documentación sobrada para que otros investigadores, parcelando más y pormenorizando, llegaran a través de trabajos monográficos a redondear el tema, bajo una óptica histórica, de la que tan necesitados hemos estado.

Es por lo que me puse a esquematizar un nuevo cuestionario. Analizar la construcción de los edificios históricos; ver los problemas que los envuelven; detectar las patologías que los aquejan; analizar la normativa legal que los encorseta y, en la medida de lo posible, buscar soluciones en alguno de los campos en los que sin premeditación fui penetrando.

El resultado ha sido un trabajo diferente, y no podía ser de otra manera, porque es producto de la reflexión, del encuentro, de la encuesta, de la observación, incluso del dolor y del sufrimiento personal. Seguramente todos los trabajos de investigación tienen estos y otros muchos ingredientes, pero a cada uno le duele su propio parto.

Podría decirse que este trabajo es una reflexión en voz alta. Un ensayo en el que se juega con elementos reales y también, como no, con supuestos teóricos. Tampoco se ha pretendido la exhaustividad. Con él queda un tema abierto a la investigación, a la profundización. Un tema que, por otro lado, siempre ha estado abierto pero al que no se le ha metido mano, quizás por pereza, por riesgo, por apatía, por desinterés, por problemas reales de falta de datos y me atrevo a afirmar, también, que por temores al enfrentamiento con diferentes estatus sociales, profesionales y políticos, implicados en la programación, diseño, estudio y especulación a costa del Patrimonio.

Mención aparte merece el conocimiento del entramado político y técnico obtenido durante los años de mi ejercicio profesional como aparejador municipal en el Ayuntamiento de La Laguna. En una etapa previa, como contratado, tomé contacto con el amplio término municipal, sus problemas y las divagaciones políticas.

La actividad de los concejales, tendentes a favorecer a los propietarios, a defender sus criterios, casi siempre en apoyo a iniciativas privadas. La corrupción latente, muy difícil de demostrar a la que nos veíamos abocados los técnicos, propiciada desde la calle y desde la propia administración. La inmensa actividad de los concejales de urbanismo, que asediaban a los técnicos en busca de soluciones de difícil aceptación etc., fueron creándome un estado de conciencia personal que acabó con mi solicitud de excedencia.

El haber participado en la demolición de unos pocos edificios del casco y colaborado como aparejador en una dudosa arquitectura de sustitución, unido a las presiones políticas, a un nuevo estado de conciencia propiciado por la asistencia a los Congresos Nacionales de Arquitectura Popular, terminó con todas mis dudas.

Había participado en la destrucción del Patrimonio cultural de mi ciudad. A partir de entonces inicié mis estudios de Historia en la Universidad de La Laguna y organicé mi vida profesional hacia otros derroteros.

Hoy, después de casi treinta años, me encuentro en condiciones de contar, con todos los datos posibles, aquella parte de la historia. Que nadie quiera encontrar revanchas en estas páginas, los hechos están perfectamente contrastados y la documentación está ahí, en los archivos, al alcance del que la quiera estudiar. Es sin duda un trabajo crítico. Asumo mi papel y mi obligación de contarlo.

Teniendo presente que el dato histórico, si bien me era válido, no era lo fundamental en este trabajo - por otro lado ya hay sobrada bibliografía de los distintos monumentos, del pensamiento de los geógrafos, historiadores del arte, viajeros etc.- , puesto que me proponía contemplar desde la óptica de hoy los edificios de ayer, pero no como elementos históricos sino como edificios ruinosos o en vías de ruina, entendí que metodológicamente habría que caminar por senderos diversos.

Primero me dediqué a reflexionar sobre lo que tanto me ha preocupado a lo largo de los años: hacer una meditación en voz alta, como la haría un ciudadano que se pusiera ante el Patrimonio de su ciudad , de su pueblo o de su isla, a contemplar lo que hasta la fecha no había contemplado, o que habiéndolo hecho, observa de repente que le han quitado algo de sí y le han modificado otros tantos referentes que tenía de su entorno. Esta reflexión me llevó a conclusiones desde antes de acometer el estudio de otros apartados. Son pues unas conclusiones previas al trabajo o quizás las premisas que sirven al lector y al autor para introducirse en una más profunda reflexión, esta vez, producto de lo que va encontrando a lo largo de la investigación que realiza.

En segundo lugar se me hizo patente la necesidad de recurrir a la legislación vigente en materia de Patrimonio. Y me interesaba más lo que se había legislado, que la nueva Ley del Patrimonio, porque aquella era la que había condicionado el estado de las ciudades, pueblos y edificios. Es por eso que tuviera la necesidad de meterme en un terreno árido, descriptivo, de análisis para conocer en qué manos y con qué poderes se había actuado a lo largo de los últimos años en el Patrimonio Histórico. He de añadir que aún este tema está en el aire, ya que las decisiones de los responsables políticos han hecho posible que la estructura que ha funcionado hasta fechas recientes ha pasado por decreto a los Cabildos Insulares, con los problemas añadidos que esto conlleva..

Por otro lado recurrí a la legislación internacional, a los distintos acuerdos del Consejo de Europa, haciendo un recorrido por las distintas Reuniones Internacionales y realizando una reflexión sobre las mismas.

Pero ni aquella reflexión ni este estudio de la legislación resolvían el problema que tienen planteados los edificios. Fue entonces cuando me propuse una toma de datos, un análisis de las formas constructivas, de las patologías y de las posibles soluciones que este Patrimonio precisa para volver a ponerse a flote. Esto ha traído consigo la elaboración de un capítulo que contempla distintas propuestas y que queda abierto a posteriores investigaciones.

Sin embargo había algo que faltaba, puesto que iba a volcar sólo mis opiniones producto de la reflexión, del análisis e incluso de un trabajo profesional de algunos años. Al fin y al cabo no eran más que unas opiniones personales y como tales discutibles y rebatibles en cualquier caso. Fue cuando entendí que habría que buscar otras opiniones. Hay mucha gente que ha tenido que ver con el Patrimonio y se han compartimentado en comisiones, Corporaciones y profesionales libres. Necesariamente tenía que recurrir a ellos. Me pareció que ya era hora de que lo que tantas veces se había dicho en círculos más o menos cerrados, fuera del dominio público. Que las consideraciones individuales o colectivas salieran a la luz para de esta forma la opinión pública tuviera conocimientos de los distintos grados de acción, con los consensos y las discrepancias. Estuve seguro, desde el primer momento, que iba a ser una base de datos fundamental para este trabajo.

Tendría que elaborar entrevistas o encuestas a distintas personas que habían quemado muchas horas hablando de Patrimonio. A los que habían aprobado o desaprobado proyectos; a los que establecieron criterios sobre restauración; a los que tenían en sus manos las decisiones de incoar o declarar zonas o monumentos. Supuse que era imprescindible hablar con los alcaldes de los municipios con conjuntos históricos, porque conocíamos de sus preocupaciones y recelos y sobre todo porque la casi totalidad de las zonas declaradas, estaban siendo masacradas ante la inoperancia municipal. Y por supuesto era preciso hablar con los restauradores, sobre todo con los que más obras han tenido bajo su responsabilidad. Ellos podrían aportar un cúmulo de opiniones fundamentales para este estudio y, sobre todo, darlas a conocer. Las encuestas que se encuentran al final de este trabajo, fueron realizadas hace casi diez años. Allí están los políticos de entonces y también los historiadores del arte y arquitectos que han seguido en la brecha. Seguramente con el paso del tiempo habrán cambiado opiniones, pero por lo general casi todos siguen con los mismos criterios expresados hace una década. No por ello el resultado de aquellas encuestas ha pasado de moda. Creo que sigue siendo perfectamente válido.

El Patrimonio es responsabilidad de las distintas corporaciones que lo administran. Por lo tanto los alcaldes como presidentes de los ayuntamientos, son responsables directos de la conservación y protección del mismo. Es por lo que me interesó saber lo que pensaban de su Patrimonio, y cómo creían ellos que el pueblo estaba interesado, o no, por él. Para ello realicé una serie de entrevistas, que han ayudado a conocer su opinión y cuales son algunos de los problemas que aquejan a estos pueblos así como las soluciones que aportan para la conservación y el enriquecimiento de ese Patrimonio local.

Asimismo dentro de la metodología que me impuse era necesario saber que es lo que piensan los técnicos sobre el Patrimonio histórico o cultural de la Isla. Era básico elaborar otra encuesta dirigida a los arquitectos restauradores para conocer criterios, soluciones y alternativas. En este caso recurrí a cuatro arquitectos: José Miguel Márquez Zárate, que ha tenido y tiene bajo su tutela importantes obras en varias islas, tales como el Convento de San Francisco de Santa Cruz de La Palma, la Torre del Conde de La Gomera, y más recientemente el Parlamento de Canarias y la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, o el antiguo Hospital. Sebastián Matías Delgado Campos, que ha tenido responsabilidades importantes entre otras la Casa de Carta de Valle Guerra, la Concepción de Los Realejos, el Santuario del Cristo de La Laguna, la Casa de Montañez y compartió responsabilidades con el anterior en el antiguo Hospital de Santa Cruz para su destino a museo. Los arquitectos Fernando Saavedra y Luis Abreu, que trabajan en equipo y han realizado proyectos de restauración como es el convento de Santo Domingo de la Orotava, del cual no tuvieron la oportunidad de llevar la dirección de la obra, o la responsabilidad de enfrentarse a la restauración de uno de los edificios más antiguos y peor conservados de Canarias, como es el caso de la Casa de Lercaro de La Laguna y más recientemente el antiguo Seminario Diocesano.

Unas y otras, entrevistas y encuestas, llevaron a un lugar común, la Comisión del Patrimonio Histórico y Artístico, de la que todos se quejaban porque resultó ser el freno a los desmanes que administración, propietarios, especuladores e incluso técnicos irresponsables, cometen o quieren cometer con el Patrimonio Histórico. Por las dificultades que ofrece el cometido de esta Comisión y los problemas que acarrea el ser depositario de tales responsabilidades, recurrí a Rafael Delgado que durante muchos años ocupó el cargo de Consejero Provincial de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, con unas responsabilidades muy grandes y posteriormente ha sido componente de las Comisiones del Patrimonio Histórico y Artístico. Carmen Fraga, Catedrática de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, que ha sido asimismo miembro de la Comisión de Arte Sacro y a la que por sus conocimientos y formación se recurre, continuamente, en demanda de informes y asesoramientos. María Isabel Navarro, profesora titular de Historia del Arte de la misma Universidad y durante varios años Inspectora Insular del Patrimonio en la etapa autonómica, conocedora de los problemas que aquejan a la Isla y persona de gran sensibilidad en todo lo referente a la arquitectura. Antonio Tejera, Catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna y ex inspector Regional del Patrimonio.

La visita obligada a los archivos, al Municipal de La Laguna y al de la Consejería de Cultura del Gobierno de Canarias, han aportado un material tremendamente valioso que nos ha servido para ilustrar los desmanes urbanísticos y los problemas edificatorios surgidos en el casco histórico. La posibilidad de fotocopiar documentos nos ha permitido disponer de una importante información. La consulta de una bibliografía adecuada, la charla con técnicos, ciudadanos, políticos, visitantes etc. ha completado el aparato documental.

De otro lado me inscribí en el Master de Rehabilitación que se llevó a cabo en la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica, por el que han pasado autoridades en restauración y rehabilitación, que me han aportado importantes datos que han servido para afianzar criterios aquí expresados y para rebatir otros, en las cuestiones relacionadas con la restauración.

A lo largo del trabajo, además del estudio de los problemas que se narran, me he permitido algunas licencias de lenguaje. Entendí que ciertas formas de narración o de expresión, podrían tener algo que ver con la propia metodología a emplear. Por eso, cierto modo de ensayo, me abriría caminos que permitirían dar algunas pinceladas a las formas de vida que justifican la existencia del Patrimonio, e incluso la libertad literaria haría menos densa la especificación de unos modos de construir, restaurar o rehabilitar.

De otro lado he creído que era interesante aportar algo a la sociedad a la que nos debemos, - eso ha influido en la metodología -, y que ese algo fuera directo, sin retóricas ni academicismos. Desde luego no sé , al fin y a la postre, si he aportado algo a esa sociedad, o si la sociedad se sentiría interesada por ello. Pero, sea como fuere, me comprometí a comunicarme directamente con esa sociedad, aún a riesgo de parecer que con la divulgación estoy hurtando rigor a los planteamientos.

Si importante ha sido todo lo anterior a la hora de tener en cuenta una metodología que me ayudara a ordenar los conceptos que iban surgiendo, no lo es menos la búsqueda, elaboración, ordenamiento y presentación del aparato fotográfico que se acompaña.

No es una casualidad que hoy pueda ofrecer una muestra fotográfica tan sugestiva como la que se adjunta. Si por un lado ha habido defensores del Patrimonio en todo el amplio sentido de la expresión, también han existido personas que han dedicado su vida a la búsqueda de las cosas antiguas, de recuerdos que, al parecer, no son tan valiosos para otros. La evidencia está en la colección de fotos antiguas que aportamos y que nos muestran como era el Patrimonio desde las dos o tres últimas décadas del pasado siglo y algunas más de este. El voluntarismo de algunas personas por coleccionar este tipo de documentación, nos ayuda hoy para poderlo exponer como elemento comparativo.

Los que por fecha de nacimiento conocimos aquel Patrimonio y fuimos testigos de su desaparición, tenemos que sentirnos más confusos que aquellos que no tuvieron la fortuna de su disfrute. Por eso el testimonio fotográfico nos permite apoyar nuestras tesis y nos sirve como elemento metodológico de gran valor.

Durante varios años, en esa búsqueda diaria de la noticia, el documento y el hecho cotidiano, hemos realizado un acopio de material fotográfico que nos muestra, con gran elocuencia, los problemas urbanos entre los que se encuentra el cambio de piel de la ciudad, la búsqueda de soluciones a los servicios públicos, como pueden ser la instalación del alcantarillado, las de agua potable, los cambios consecuentes de calzadas y aceras con aportes de nuevos materiales, los cambios de rasantes y alineaciones etc. Todo esto ha producido caos en las ciudades y son consecuencia de otros caos, tales como el aumento de la demografía, los cambios sociales, el acercamiento de los ciudadanos del interior y venidos de otros lugares, a las grandes poblaciones, todo ello motivado por la nueva edificación, la construcción de antiguos solares, nuevos edificios que sustituyen a antiguas casonas etc. Las ciudades que no tenían redes de alcantarillado han de instalarlas; las redes de agua potable se hacen insuficiente al aumentar el consumo, incluso los depósitos reguladores de abastecimiento a las ciudades tienen que aumentar, llegando a triplicar sus capacidades.

Estos movimientos demográficos vienen a significar un radical cambio en la vida de las ciudades. Hay un aumento desmesurado del tráfico que trae consigo una densificación de las vías de comunicación y, como ya vimos, un cambio radical en la política de servicios y amueblamiento urbanos. Pero estos pueblos o ciudades no aumentan las superficies destinas al esparcimiento o a los servicios públicos, faltando zonas verdes, mercados, aparcamientos y un largo etc.

El documento fotográfico es lo suficientemente elocuente, y si bien pertenece a un momento concreto de la vida de cualquier ciudad, no es menos cierto que fotos recientes, realizadas unos días antes de terminar este trabajo, y que también se adjuntan, nos permiten comprobar la densidad del tráfico que "colmata" las vías públicas y comienza a hacer invivibles las ciudades y agobiantes a los cascos históricos.

Otros bloques fotográficos nos ilustran los caseríos de los que hablamos en este documento. Las fotografías relativamente recientes de Masca nos muestran el estado en que está quedando el antiguo caserío. La puesta en servicio de la nueva carretera, ha traído consigo la destrucción, modificación y falseamiento de sus viejas arquitecturas y por descontado de los modos de vida. Adjuntamos una muestra de como estaba hace unos veinte años y lo que ha sucedido después.

Y todo esto no hubiera sido posible sin la inestimable ayuda y consejo de mi buen amigo y Catedrático Fernando G. Martín Rodríguez, que ha estado atento a mis demandas, ha mostrado su acuerdo con la metodología empleada y ha tenido la paciencia de leer y releer este texto y de animarme a su conclusión. Así mismo la inestimable ayuda y permanente debate con Maisa Navarro, así como el conocimiento directo del Patrimonio, adquirido en momentos concretos de mi trayectoria personal, y debatido con técnicos, maestros de obra, carpinteros, historiadores, políticos y gente interesada, me ha permitido una aproximación global de la que a lo largo de estas páginas trataré de dar cuenta.

Adrián Alemán