La Habana Vieja, reflexiones

 

 

 

 

 

 

 

Siete reflexiones sobre La Habana Vieja, componen un nuevo texto que nos ofrece Adrián Alemán de Armas, profesor universitario y periodista, editado por Tauro Producciones S.L. Si el año pasado dimos cuenta de la aparición de sus Secuencias de la Memoria, un libro donde el autor reflexiona sobre su ciudad de La Laguna, con este nuevo texto se nos ofrece una hermosa visión de la ciudad de La Habana, donde Alemán va diseccionando ínfimos detalles, producto de un pensamiento casi minimalista para llegar a elevar a categoría a la bellísima ciudad antigua, la Perla de las Antillas, La Habana Vieja, y de cuyo texto no podemos separarnos hasta concluir las siete reflexiones, por la sencillez del lenguaje, por la riqueza de su léxico, por la madurez de su exposición. La Habana Vieja, reflexiones es, en primer lugar, un libro bien editado. Tauro Producciones S.L. ha querido estar presente en el homenaje que se hace a Cuba, en este 1998, con un libro que había terminado Adrián Alemán hace ya tiempo, más de año y medio. Y la editora ha dado en el clavo, en el diseño, en la encuadernación, en la tipografía, en la selección fotográfica, parte propiedad de la empresa editora y la otra realizada por el autor a lo largo de su media docena de visitas a la Isla. Dicho esto habrá que añadir que también la editora acertó con la elección del texto y por lo tanto con la elección del autor. No estamos ante un libro de viajes, ni ante un texto crítico, ni siquiera ante una reflexión política. Estamos ante un ensayo breve, escrito en tono menor, donde el autor no recurre a ropajes eruditos, sino por el contrario va abriendo caminos, desbrozando senderos, y mostrando en ocasiones la dura realidad de una sociedad que se desarrolla con dificultades ante la adversidad. Adrián Alemán necesita contarse así mismo, para no olvidarse de lo vivido, las distintas secuencias que le han impactado en la Habana Vieja, entre 1989 y 1996, aunque el autor no haga expresión explícita de fechas en su texto. En el texto queda patente La Habana en su paisaje urbano y en sus gentes, en sus rehabilitaciones y en sus desconches insalvables. La Habana de la Plaza de Armas con sus ventas de libros de antiguo, sus grupos musicales que van traduciendo la polifonía de la ciudad vieja a todos los rincones del turismo. El cromatismo de sus gentes, el calor del Caribe, el son que se palpa en los modos de hablar y de andar. Los nuevos modos alimenticios dentro del realismo mágico de los paladares. La plaza de la Catedral y su entorno por Mercaderes con la proliferación de los feriantes de las artesanías. Alemán capta de forma singular, en una de sus reflexiones, la negritud cubana. Allí hace memoria de la historia y sitúa al negro y al mulato en la doliente Cuba de la caña, del tabaco, del puerto, de la cuasi esclavitud histórica y de la revolución, de todas las revoluciones que en la isla han sido y de las que aún pueden ser. Su color es el negro es uno de los más bellos textos que hemos leído sobre la negritud y sobre la doliente historia habanera. Así, uno y otro, irán pasando los breves textos, las singulares reflexiones seguramente escritas y reescritas desde este lado del Atlántico, con los ojos, los oídos y el pensamiento puestos en el Caribe, que siempre fue tierra de promisión. Y seguramente para un canario contarlo es más sencillo porque sin duda tenemos parientes de ida y vuelta y como le dijo un viejo amigo al escritor, según él mismo confiesa en su texto, que todo esto es posible porque las Antillas comienzan en Canarias. Quién sabe. Queremos felicitar a Tauro Producciones S.L. por su acierto y su profesionalidad, a Adrián Alemán por su constancia y su buen hacer. Desde estas páginas felicitarnos todos por este hermoso libro.