La Laguna

 

 

 

 

 

 

Los estudios sobre el patrimonio cultural son recientes y obedecen a la nueva sensibilidad despertada tras los cambios bruscos producidos en las sociedades occidentales motivados por la intensa roturación de espacios naturales y de centros históricos en los últimos treinta años. A esta necesidad de preservación y respeto obedece la promulgación de distintas leyes, nacionales y autonómicas, que en el ámbito canario se ha aprobado hace poco tiempo en el Parlamento. Utilizando como ejemplo la isla de Tenerife, este libro analiza la evolución de dos ciudades tan emblemáticas como La Laguna y Garachico, junto a centros rurales de tanto interés como son Masca e Icor. Es algo así como una "historia del deterioro", un recorrido por la destrucción de elementos irremplazables de la cultura canaria, el relato de una pérdida trágica. El desarrollismo de los años 60 propicia el inicio de la catástrofe y muchos lugares comienzan a cambiar radicalmente su morfología, siendo los casos de Puerto de la Cruz y Santa Cruz de Tenerife los más graves. La llegada de la autonomía a comienzos de los años 80 ha supuesto que los canarios seamos los principales responsables de la conservación y fomento de nuestra memoria. Pero esta nueva situación no ha terminado con viejos problemas que amenazan y agreden el patrimonio cultural, tales como la desvinculación de la política turística, la desnivelada política de declaraciones BIC, los planes de ordenación urbana, los planeamientos insulares, las recalificaciones de suelo, los criterios de restauración e intervención, la ausencia de sensibilización entre los gestores y su concepto del progreso, la complicidad entre castas, la cobardía y la irresponsabilidad intelectual, el silencio social... Todo se podría resumir en la crisis de un concepto: ¿qué es Canarias hoy? ¿Qué Canarias queremos? ¿Se podrán consensuar inviolables objetivos comunes entre los ciudadanos de las Islas? ¿Se entiende y se aplica el desarrollo sostenido? ¿Qué parte/s de la Canarias gestada en cinco siglos conocerán los isleños del próximo milenio?

Una parte importante del texto se dedica a La Laguna, una ciudad con dos épocas: desde su definición, a raíz de la conquista, hasta los años 40, desde la arquitectura gótica al regionalismo; y desde los planes de los 60 a su petición de Patrimonio de la Humanidad en la actualidad. Hace treinta años surge un nuevo fenómeno, la aniquilación impune de la ciudad histórica. Durante este tiempo, La Laguna ha sido una ciudad sufrida, torturada, no apreciada, sometida a la especulación feroz, al desamor de algunos de sus ciudadanos, pese a los valores únicos que todos le reconocían. El panorama es variado: edificios que se derrumban furtivamente y aparecen en el suelo una mañana, que se dejan con puertas y ventanas abiertas para acelerar su ruina, o que se reconstruyen falsamente y mienten. Y además, como subraya el autor, sin una arquitectura de sustitución dialogante y de calidad. Muy preocupante, porque siembra la duda y el desamparo, es la desafección continuada de muchos gestores políticos y técnicos, y de propietarios y empresarios de construcción, a veces sumergidos en un mar de complicidades oscuras.

En estos últimos años se ha insistido en un concepto básico: La Laguna es una ciudad-territorio, donde la trama urbana y el entorno natural forman una unidad geográfica, económica, social, e histórica. Dicho de otro modo, La Laguna también es su vega. Ahora se plantea una incertidumbre sin precedentes con los planes que actualmente se tramitan, agudizándose las contradicciones en la concepción de la ciudad. La Laguna cuenta con una activa unidad de patrimonio municipal, necesaria en un lugar de su importancia que además había arrastrado muchos problemas desde los años 40, y que en la actualidad pasa por uno de sus momentos más trascendentes al estarse elaborando el modelo de ciudad futura y el papel que debe jugar la ciudad histórica. En el libro se desvela y documenta la evolución del intervencionismo en el casco, se analizan los diferentes planeamientos municipales, y se nos ofrece la crónica objetiva, y terrible, de las pérdidas irreparables (como el antiguo Casino), las actuaciones erróneas (Iglesia de la Concepción), o la fortuita destrucción por el fuego (Iglesia de San Agustín). Para sustentar el valor arquitectónico e histórico de lo perdido, deteriorado, o de lo que aún resta, el autor plantea de entrada los aspectos singulares de la construcción tradicional, cuya originalidad ya es ampliamente aceptada, tales como los elementos arquitectónicos, las tipologías edificatorias, o la concepción del espacio interior de las viviendas. También es de gran interés es el capítulo dedicado a las patologías que padecen los edificios, en especial las derivadas de las cimentaciones y muros, y las que afectan a las techumbres y las maderas, componente esencial y frágil de la arquitectura canaria. Un documento revelador lo constituyen las encuestas realizadas a diversos técnicos o políticos que han tenido responsabilidades en la gestión del patrimonio, voces heterogéneas que, junto a la del autor, expresan sus opiniones, desasosiegos y experiencias de variada índole sobre el entendimiento actual y la convivencia con la cultura heredada.

Conozco a Adrián Alemán de Armas desde hace un cuarto de siglo, y desde entonces hemos compartido inquietudes y amores por nuestros valores y nuestra historia tanto como tristezas y decepciones, incluso desde la esfera oficial al ocupar conjuntamente cargos en la Comunidad Autónoma durante su primera legislatura. Hombre inquieto, tenaz, lagunero profundo y generacional, polifacético (aparejador, geógrafo, periodista, escritor, profesor universitario), que en todos sus trabajos muestra una honda tendencia humanista que, como en las páginas que siguen, invita a la reflexión y despierta sensibilidades. Debemos destacar que, tras José Pérez Vidal, Adrián Alemán fue pionero en el estudio y valoración de nuestra arquitectura tradicional desde comienzos de los 70. Este libro constituyó en su momento su Tesis Doctoral, presentada en la Universidad de La Laguna. Fue un honor participar en ese proyecto y ahora es una gran satisfacción ver publicado un trabajo novedoso y necesario en la historiografía canaria.

Fernando Gabriel Martín, Universidad de La Laguna.